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Algo de historia: Leyenda, Prehistoria y conquista de Canarias.


Sin haber entrado aún en la Historia, las Islas Canarias están presentes en la leyenda como aquellas tierras míticas que se encontraban más allá de Las Columnas de Hércules, del estrecho de Gibraltar, camino del Mar Tenebroso. Aquí situaron muchos autores clásicos (Horacio, Virgilio, Homero y Estrabón) el Paraíso, los Campos Eliseos o el Jardín de las Hespérides. Algunos quisieron ver en las Islas los restos del hipotético y legendario continente de la Atlántida. Además de por su situación, esta leyenda se inspira en el, al parecer, notable número de canarios de altura elevada que se encontraron los primeros visitantes históricos del Archipiélago.

Es probable que los primeros exploradores que alcanzaran sus costas fueran navegantes fenicios originarios de Sidón y Tiro. Herodoto habla de una expedición fenicia que circunnavegó Africa en el 6 siglo a.C. Así mismo, Cartago, la colonia fenicia norte-africana, envió una expedición de colonizadora de 30,000 personas hacia el oeste de Africa aproximadamente hacia el año 425 antes de nuestra era, habiéndose encontrado monedas fenicias en las Azores.

Los romanos exploraron las Islas Canarias tal y como lo prueba la descripcion que Plinio el Viejo hizo sobre la expedición enviada por Juba II, gobernador del protectorado romano de Mauritania (el actual Marruecos) aproximadamente entre el año 29 a.de J.C. y el 20 de nuestra era. Las islas fueron encontradas deshabitadas durante esta expedición si bien encontraron un templo en Junonia (el nombre romano para La Palma) probablemente evidencia de habitantes anteriores. Plinio el Viejo, en el siglo I, relata la que le llevaron a Juba como recuerdo de la aventura, unos enormes perros de los que algunos dicen que se deriva el nombre del archipiélago: Canarias, de can o canes. Hoy sabemos que muy probablemente esto no es así, y el nombre procede de un pueblo bereber que se denominaban a sí mismos 'canari', y que participó en el primitivo poblamiento de las Islas. Esta confusión viene aumentada por que es cierto que en Canarias tenemos una soberbia raza autóctona de perros de presa isleños, de fiero e impresionante aspecto, llamados verdinos o bardinos, según las islas.

Hacia el año 120 los marinos de Tiro afirmaban que el mundo habitado limitaba al oeste con las Islas Afortunadas. Las Islas Afortunadas como el extremo occidental del mundo conocido fue establecido más formalmente cuando Ptolemeo (90 - 168), las adoptó como el primer meridiano para su Geographia. Esta fue el mapa clásico más famoso del mundo, utilizado durante casi 1500 años, hasta aproximadamente el año 1800. Los mapas holandeses utilizaban la cumbre del Teide como su primero meridiano.

Alrededor del fin del siglo XIII, las Canarias fueron redescubiertas por una flota genovesa dirigida por Lancelot Malocello. No es difícil imaginara la fascinación que debió suponer para estos navegantes la imagen de las islas, y sobre todo, al aproximarse a ellas desde el norte, la vista del majestuosa del Teide. Un estudio más detallado fue hecho por Nicolas de Recco de Genova en 1341. Un documento papal de 1433 otorga derechos sobre las Islas Canarias a Enrique el Navegante de Portugal, pero esta decisión se invirtió en 1436, cuando el papa concede estos derechos a la corona de Castilla. En el tratado de Alcovaça de 1479, Portugal reconoció los derechos del Castilla sobre las Canarias, a cambio del reconocimiento castellano de la soberanía portugesa sobre Fez y Guinea.

En el momento del redescubrimiento de las Canarias estaban habitadas por indígenas para los cuales se suele usar como nombre el de Guanches, aunque propiamente este nombre corresponde sólo al de los pobladores de Tenerife. Se sabe de las similitudes culturales guanches con las tribus bereberes de las montañas del noroeste africano. Cómo ellos alcanzaron las Canarias ha sido objeto de muchas especulaciones, particularmente al comprobar que en el momento del redescubrimiento carecían de conocimientos de navegación, hecho extraño si se tiene en cuenta que vivían en islas pequeñas con otras cercanas claramente visibles.

Los restos de alfarería sugieren que hubo cuatro olas distintas de colonizacion, fijando la datación por el carbono14 para la llegada de los primeros el primer siglo de de nuestra Era. Probablemente, el poblamiento de las Islas se realizaría en diferentes oleadas migratorias, aportando cada una de ellas grupos de humanos que, con un mismo origen, conformarían diferentes estratos culturales. El bagaje cultural que cada uno de estos grupos de población trae consigo desde África por un lado, junto a la necesidad de generar medios que les permitan adaptarse a las características del nuevo espacio geográfico que presenta cada una de las islas en las que recalan, por otro, van a conformar distintas formas de vida, de organización social y de aprovechamiento de los recursos económicos de los que puedan disponer. De esta forma, los asentamientos aborígenes se producirán, en general, junto a fuentes y manantiales que les aseguren el abastecimiento constante de agua. Dichos asentamientos tomarán la forma de poblados constituidos por edificaciones con una primitiva estructura arquitectónica (por lo general, de planta circular, paredes de piedra y techo vegetal), aunque también nos encontraremos, sobre todo en lugares altos y de difícil relieve, con un hábitat en cuevas tanto naturales como excavadas. Los ritos funerarios muestran una cultura religioso no escasa, con elaboradas técnicas de momificación que nos han legado un número importante de momias. La economía practicada por estos pueblos variará de una isla a otra en función de las posibilidades del medio. Así, la de La Palma y Fuerteventura será esencialmente ganadera, la de Gran Canaria fundamentalmente agrícola y, combinando indistintamente la agricultura y el pastoreo, la de Tenerife, La Gomera, El Hierro y Lanzarote. Es pues una economía muy básica, y dirigida al autoconsumo de cada grupo humano, desarrollada con unos medios muy rudimentarios y sujeta de forma constante a las inclemencias climáticas u otros condicionamientos naturales (sequía, agotamiento y limitaciones del suelo agrícola y de pastos, etc.). La cultura material, por otro lado, será muy rudimentaria, siendo la piedra, el barro, la piel de los animales o la madera las principales materias primas.

En lo que a organización social se refiere, en general, nos encontramos con sociedades más o menos complejas, divididas en estratos o grupos sociales, que se distinguen entre sí por su diferente nivel de riqueza y grado de apropiación de los medios de producción (fundamentalmente la tierra y el ganado). Se constata la existencia de una nobleza aborigen tanto en Gran Canaria como en Tenerife, erigida en grupo social dominante, junto a los sectores mayoritarios de la población compuesta por grupos económicamente dependientes de los poseedores de los recursos económicos. En general, parece que existieron formas de jerarquización política según estructuras o formas de gobierno basadas en una monarquía electiva (Menceyes en Tenerife, Guanartemes en Gran Canaria, o distintos jefes de tribu en las islas más pequeñas). Dichos monarcas ejercen su poder sobre una parte de la isla o bien sobre una isla entera. Así, nos encontraremos un solo jefe de tribu para toda la isla de Lanzarote y lo mismo en El Hierro; Fuerteventura aparecerá dividida en dos reinos, La Gomera en cuatro, La Palma (Benahoare) en doce, Gran Canaria en dos y Tenerife (Achineh) en nueve menceyatos (reinos) cuyos nombres perviven como toponímicos (Anaga, Taoro, Tacoronte, Güimar, Abona, Icod etc..). Junto a estos monarcas o jefes de tribu estarán los nobles de cada reino, conformando castas privilegiadas tanto a nivel político como religioso, que suelen asesorar a su jefe y, a veces, en determinadas circunstancias, participar en la toma de decisiones de gobierno. En general, la religión de estos pueblos se basaba en el culto a elementos naturales, principalmente al Sol, que favorecían o perjudicaban las condiciones de vida. Poder político y religioso van siempre íntimamente unidos a toda la población (jefes o monarcas incluidos) en disposición de acatar los designios divinos para obtener el favor permanente de los dioses y no provocar su ira atrayendo la desgracia (hambre, enfermedades, etc.) sobre la población. Este va a ser el panorama que se van a encontrar los exploradores, navegantes y conquistadores europeos que a partir de la Baja Edad Media llegan a las costas Canarias.

En 1335 llegó a Lisboa un barco con guanches prisioneros. De una expedición del año 1341 nos han llegado algunos detalles algo más precisos: dos naves, fletadas por el rey de Portugal y con tripulación florentina, genovesa y española, alcanzaron las islas en el mes de julio del citado año bajo el mando del genovés Niccoloso da Recco y del florentino Angiolino del Teggihia de Corbizzi; permanecieron aquí durante cinco meses y, a su regreso a Lisboa, traían tantas cosas interesantes que nada menos que el propio Boccaccio tomó la pluma para escribir un retrato de los guanches, basándose en los datos que, por carta, le había dado da Recco. Según nos dice Boccaccio, las islas Canarias "eran unas tierras rocosas sin ninguna clase de cultivo, pero ricas en cabras y otros animales y llenas de hombres y mujeres desnudos, que por sus costumbres se parecían a los salvajes. Algunos de ellos parecían gobernar a los demás y se vestían con pieles de cabras, teñidas con azafrán y tintes rojos. Desde lejos, estas pieles parecían muy finas y delicadas y estaban cosidas cuidadosamente con hilos de tripas de animal. Por lo que se desprende de sus ademanes, estos salvajes tienen un soberano, al que muestran gran respeto y obediencia. Su lenguaje es muy suave, su modo de hablar animado y precipitado como el italiano. Cuatro de ellos fueron retenidos a bordo; éstos son los que llegaron a Lisboa".

En los años que siguieron, las islas Canarias fueron el lugar predilecto donde los navegantes de las distintas naciones fueron a cazar esclavos para venderlos a los mercaderes y grandes señores del norte de África.

En 1402, el noble normando Jean Bethencourt inicia la colonización de Canarias con emigrantes franceses. Lo logró, en efecto -aunque empleando medidas radicales- con los habitantes de la isla de Lanzarote. Pero los guanches de las demás islas no se mostraron dispuestos a trocar sus costumbres y cultura por la civilización del señor de Bethencourt, lo cual dio lugar a sangrientas luchas, en el curso de las cuales los guanches bautizados de Lanzarote conquistaron dos islas más para el noble normando.

El proceso de conquista se prolonga durante la práctica totalidad del siglo XV, siendo Tenerife la última isla en ser conquistada . La coalición de los menceyes del norte de la Isla, encabezada por el Mencey Bencomo de Taoro -menceyato que ocupaba el valle de Arautapala, la actual Orotava- , infringiría a 1494 una dura derrota a las tropas de Alonso Fernández de Lugo en la batalla de la Matanza de Acentejo (hoy el nombre de un pueblo de Tenerife). Aunque herido el Adelantado de Castilla sobrevivió a la batalla. Muestra de las costumbres guanches es el hecho de que, una vez finalizada la batalla, los prisioneros castellanos fueron liberados sin más por los vencedores pudiendo regresar a Añaza (la actual Santa Cruz) y embarcarse para Gran Canaria. Dos años después, con nuevas tropas traídas de Castilla más los refuerzos de Gran Canaria consiguió dominar Tenerife en 1496 (Rendición de los Realejos), tras la batalla de La Laguna que tuvo lugar, más o menos, donde está hoy el edificio central de la Universidad, y que una epidemia diezmara a la población guanche. Bencomo murió en esta batalla. El talante del conquistador fue bien distinto al de los guanches: la cabeza de Bencomo fue cortada y paseada en una pica.

Los últimos menceyes guanches se suicidaron, según su costumbre, al verse derrotados. Sin embargo a lo largo de todo el siglo XVI hay evidencia de que seguían existiendo grupos de guanches que causaban estragos a los conquistadores (Guanches Alzados).

A comienzos del siglo XVII el proceso de colonización había hecho desaparecer la práctica totalidad de la cultura aborigen. El hecho de que los no bautizados pudieran ser tomados como esclavos determinó la rápida cristianización de las islas, y con ello la desaparición de una cultura que como tantas otras se apoyaba en el hecho religioso. Así y todo, mientras este proceso fue completo en los núcleos urbanos, en el campo, donde las comunicaciones no eran fáciles, pervivieron grupos de guanches que lejos del brazo del poder político y religioso mantuvieron, más o menos en secreto, sus costumbres. Hasta nuestros días ha pervivido la denominación de "magos" para referirse a los hombres del campo, palabra que deriva de los que adoraban a "Magec", el Sol.

A pesar del gran número de inmigrantes, los guanches no desaparecieron, sino que fueron siendo asimilados. Gaspar Frutuoso que escribe al final del siglo XVI describió la población de La Palma como uniformemente dividida entre castellanos, portugeses y las gentes indígenas. Él informó de como la población estaba en gran medida mezclada.

Los principales organismos y los capitanes generales residieron en Gran Canaria hasta 1661 y en La Laguna hasta 1723, en que fijan su sede en Santa Cruz, cuando la pujanza del comercio y del puerto la configuran como la principal ciudad de las Islas.

El trigo se introdujo durante el siglo XV, pero hacia finales de éste el azúcar se convirtió en el producto principal de la exportación. La apicultura creció junto a la industria de azúcar.

A principios del XVI la industria de azúcar adquirión un impresionante impulso comercial, originando el establecmiento de empresas de construcción naval y el desarrolo de conexiones por mar con Europa y América. El interés primario de comerciantes extranjeros era el intercambio de azucar por la importación de telas.

La prosperidad de las Canarias atrajo a los piratas famosos y corsarios del tiempo, particularmente el francés Jambe de Bois (Pata-Palo) quién saqueó Santa Cruz de La Palma en 1553. La mayoría de los edificios más viejos que pueden verse ahora en Santa Cruz fecha de la reconstrucción subsecuente de la ciudad. En 1585 Santa Cruz fue atacado por una armada de 24 naves ordenada por el pirata inglés Francis Drake que destruyó el fuerte del puerto.

La expansión de la industria de azúcar brasileña en el último cuarto del siglo XVI redujo dramáticamente la demanda del azúcar canario. El vino reemplazó azúcar como la exportación principal. Importancia particular tuvo la producción del vino dulce.

El vino seguía siendo la fuente mayor de ingresos a lo largo de los siglos XVII y XVIII, exportándose a Gran Bretaña y las colonias americanas.

La economía de Canarias se veía afectada a lo largo de este periodo por las restricciones impuestas por la Casa de Contratacion de Sevilla que era la responsable de vigilar el monopolio de la corona en el comercio con las colonias americanas. Por ejemplo, en 1610 se limitaron las exportaciones de Canarias a un total de 1000 toneladas de las que 300 eran de La Palma. El destino de estas exportaciones también fue restringido. En 1613 el total se redujo a 600 toneladas y en 1627 a 700. Regulaciones introducidas en 1678 exigian la emigración de 5 familias hacia América por cada 100 exportaciones.

Un régimen más liberal fue introducido por Carlos III durante la segunda mitad del siglo XVIII. Se liberalizó el comercio de algodón, tabaco y seda. Durante el siglo XVIII el puerto de Santa Cruz se consideró como el tercero más grande del imperio, después de Amberes y Sevilla.

Del interés e importancia de las islas en esa época da fe el hecho de que el 1797, el almirante inglés Nelson intenta invadir la isla, siendo derrotado y perdiendo un brazo en la batalla, qunque en Trafalgar Square se relata el hecho como una conquista de Nelson. La efemérides, el 25 de julio, es aún celebrada en Santa Cruz.

El 11 de Marzo de 1792 se crea la Universidad de San Fernando de La Laguna, merced en buena parte a la influencia del tinerfeño general Porlier, ministro de Gracia y Justicia de Carlos IV.

Los vinos portugeses de Madeira competian fuertemente con los de las Islas a lo largo de los siglos XVII y XVIII. Cae el comercio de vino con Inglaterra a principios del siglo XIX.

A comienzos del siglo XIX Sabino Berthelot, francés afincado en Tenerife, recopila en el campo y los pueblos de la isla lo que queda de la cultura y del habla Guanche. Más de 600 toponímicos y unas 400 palabras eran aún usadas en la Isla.

El comercio de vino fue reemplazado alrededor de 1825 por el crecimiento de la cochinilla, un parásito del cactus usado como un colorante en las comidas. Sin embargo, esta industria fue efímera por la introducción de colorantes artificiales en 1870.

La producción de caña de azúcar reapareció, y alrededor de 1880 comienza una rudimentaria industria turística. Al final del siglo las primeras plantas bananeras aparecían. La prosperidad resultante seria sin embargo efímera, debido a los efectos de la primera guerra mundial en el comercio extranjero. Las penalidades económicas durante la última parte del siglo XIX y primera la mitad del siglo XX produjo altos niveles de emigración, siendo Cuba el destino preferido de los años treinta, y Venezuela seguidamente. Muchos canarios mantienen fuertes lazos familiares aún hoy en dia con Cuba y Venezuela. La economía de Canarias continuó siendo dominada por la agricultura hasta los principios de los años 60. La liberalizacion introducida por el régimen de Franco en los años 60 permitió un reavivamiento económico, basado en el plátano, las exportaciones anuales excedían los 130 millones de kilos, más otros productos como la silvicultura y el tabaco. Más importante será el posterior crecimiento de la industria turística que pasa de 70,000 turistas en 1960 a más de 2 millones de turistas en 1975 y a los doce millones de la actualidad.

La Universidad de La Laguna

Los orígenes de la actividad universitaria en Canarias se remontan al año 1701 al establecerse un centro de estudios superiores de los religiosos agustinos en la ciudad de La Laguna. Su posterior evolución histórica está jalonada por una serie de disposiciones y anulaciones que se suceden desde 1744, cuando por Bula Pontificia se transforma dicho centro en la Universidad Eclesiástica de San Agustín, que nunca llegó a ponerse en marcha.

En 1792, un Real Decreto de Carlos IV con fecha de 11 de marzo ordena la creación, en la entonces capital de la isla de Tenerife, de la primera Universidad Literaria del archipiélago canario. Sin embargo, la agitada situación política que tuvo lugar desde 1793 impidió su efectivo establecimiento. Una vez restaurada la dinastía borbónica, Fernando VII retoma la ya antigua aspiración de los canarios de contar con un centro superior en las islas y, tratando de zanjar las rivalidades interinsulares acerca de su ubicación, en 1816 dicta un nuevo Real Decreto por el que resuelve «establecer en la Ciudad de San Cristóbal de La Laguna una Universidad con los mismos privilegios, exenciones y prerrogativas que gozan las demás de estos Reinos, y que dicha Universidad se denomine y llame Universidad de San Fernando». Para ello, la casa colegio de la Compañía de Jesús de La Laguna se convirtió en la primera sede de la Universidad Literaria de San Fernando, que abrió sus puertas como institución académica el 12 de enero de 1817.

Pero pronto, el edificio resultó ser insuficiente para el progresivo aumento de alumnos, por lo que en diciembre de 1821 comienza el traslado parcial de la Universidad al Convento de San Agustín, conviviendo en él los estudiantes con la comunidad religiosa, hasta que finalmente, en 1837, la totalidad del Convento es destina a la actividad universitaria, tras la ley desamortizadora de Mendizábal, que supuso la exclaustración forzosa de los religiosos de la Orden.

En 1960 se inaugurado en su totalidad el nuevo edificio de la Universidad, en el actual campus Central, que en ese momento albergó las facultades de Derecho y Ciencias, la Biblioteca General, el Rectorado y las secretarías.

En 1992 se inaugura el Campus Guajara, donde está ubicada la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales, sede del Congreso.